Verdades y consecuencias respecto a los alimentos genéticamente modificados

La salud y la seguridad son cuestionables

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La industria de los alimentos les dice a los consumidores que los alimentos genéticamente modificados son seguros. Los estudiantes de agronomía aprenden que estos organismos genéticamente modificados (OGM) son seguros y necesarios para alimentar al mundo. El Consejo de Información sobre Biotecnología, organización sin fines de lucro, ha creado un libro de colorear para enseñar a los niños sobre los muchos beneficios de los cultivos OGM, incluyendo cómo los mismos mejoran la nutrición.

La mayoría de los cultivos OGM han sido preparados para resistir la fumigación con herbicidas, como la soya transgénica resistente al herbicida Roundup-Ready de Monsanto, o producir sus propios pesticidas, como el maíz y el algodón “Bt”. Bill Freese, analista de política científica en el Centro para la Seguridad de los Alimentos, organización sin fines de lucro, nos advierte que debemos ser recelosos de los reclamos simplistas que no toman en consideración las consecuencias no deseadas. Por ejemplo, él señala que: “los cultivos transgénicos no tienen nada que ver con la idea de alimentar al mundo porque casi todos los cultivos OGM son de maíz y soya… los que se utilizan para alimentar el ganado en los países ricos o para ‘alimentar’ los automóviles”. Aproximadamente, en la actualidad, el 40 por ciento del maíz cultivado se utiliza para hacer etanol.

Freese añade: “Estos no aumentan el rendimiento ni la nutrición”. Pero los cultivos OGM han logrado un aumento espectacular en el uso de herbicidas, lo que deja a los agricultores y consumidores expuestos a un riesgo mayor de exposición a estas toxinas y enfermedades relacionadas, según informa el Centro para la Seguridad en los Alimentos.

Por lo tanto, la pregunta es: ¿Son los transgénicos la gran industria que nos quieren hacer creer o están contribuyendo a las enfermedades crónicas? Estas son las tres afirmaciones más comúnmente escuchadas sobre los OGM, por lo general, pronunciadas por la industria biotecnológica y sus financiados investigadores.

Afirmación: Los OGM son seguros.

Cotejo de los hechos: Existe muy poca investigación sobre los efectos a largo plazo del consumo de alimentos genéticamente modificados. Según  Douglas Gurian-Sherman, investigador sénior en la Union of Concerned Scientists, las evaluaciones llevadas a cabo sobre la seguridad nos han dejado con incertidumbres significativas sobre si los alimentos OGM son seguros o no. Sin embargo, las preocupaciones expresadas por el Centro para la Seguridad de los Alimentos giran alrededor de los alérgenos y toxinas potenciales, tanto por los residuos de los herbicidas y pesticidas como por el material genético nuevo.

La nueva investigación de la Unión Europea publicada en la revista Food and Chemical Toxicology se suma a la creciente preocupación sobre los riesgos. Los investigadores descubrieron que las ratas alimentadas con maíz transgénico y que tomaron agua con herbicida Roundup experimentaron efectos negativos a la salud durante sus dos años de vida, incluidos tumores mamarios y problemas en la función de la pituitaria en las hembras, y en los machos, daño en el hígado y los riñones. Estos resultados fueron atribuidos a las alteraciones endocrinas debido al efecto del Roundup, al igual que a la composición genética del maíz transgénico.

Lo que hace que este estudio sea singular y preocupante es que es la investigación más larga hasta el día de hoy. La mayoría de los estudios financiados y llevados a cabo por la industria tienen apenas una duración de 90 días—no el tiempo suficiente como para documentar el daño potencial.

Michael Hansen, Ph.D., científico en Consumer Reports, declara en una comunicación al Consejo sobre Ciencia y Salud Pública de la Asociación Americana de Medicina (AMA) que: “A diferencia de todos los demás países desarrollados, la Administración Federal de Drogas y Alimentos (FDA) no requiere pruebas de seguridad para las plantas genéticamente modificadas”.

Hansen explica que: “Además de que la FDA no requiere ninguna prueba antes que el producto salga al mercado, virtualmente, no hay pruebas de seguridad independientes para estos cultivos en los Estados Unidos debido a los derechos de propiedad intelectual. Cuando los agricultores compran semillas genéticamente modificadas en los EE.UU., deben firmar un acuerdo de administración que les prohíbe darles esas semillas a los investigadores”. Más, “los investigadores deben obtener permiso de las empresas de biotecnología antes de que puedan investigar, lo que significa que hay una escasez de investigación independiente”.

Las buenas noticias son que el pasado junio la AMA recomendó las pruebas de seguridad previas a la comercialización para describir mejor los daños potenciales de los alimentos que son producto de la bioingeniería.

Afirmación: Los cultivos OGM utilizan menos pesticidas y son más seguros que la mayoría de los otros y se descomponen rápidamente.

Cotejo de los hechos: El herbicida Roundup es rociado cada vez más en un creciente número de cultivos OGM resistentes a herbicidas, incluidos el maíz, soya, canola, remolacha azucarera y, más reciente, la alfalfa. Dando seguimiento a los datos sobre el uso de pesticidas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, Charles Benbrook, profesor investigador en el Centro para la Agricultura Sostenible y Recursos Naturales en la Universidad del Estado de Washington, descubrió que la tecnología utilizada en los cultivos resistentes a herbicidas condujo a un aumento de 527 millones de libras de uso de herbicidas en los Estados Unidos entre 1996 y 2011.

Con la creciente presencia de malas hierbas resistentes a herbicidas, se han desarrollado nuevas formas de maíz y soya transgénicos resistentes a los herbicidas más fuertes y peligrosos, como el 2,4-D, uno de los dos ingredientes en el Agente Naranja, defoliante utilizado en la guerra de  Vietnam. Benbrook proyecta que estos nuevos cultivos OGM pueden aumentar el uso de herbicidas hasta un 50 por ciento.

Según Warren Porter, Ph.D., biólogo y profesor de toxicología ambiental en la Universidad de Wisconsin-Madison, y Theo Colborn, Ph.D., presidente de The Endocrine Disruption Exchange, el glifosato, el ingrediente químico activo en el Roundup, es un perturbador endocrino, lo que significa que trastoca los sistemas hormonales.

Porter dice que podemos esperar niveles más altos de residuos de herbicidas en alimentos provenientes de cultivos transgénicos. Un informe del Servicio Geológico de los Estados Unidos encontró que en la actualidad el glifosato se encuentra en la lluvia, los ríos y el aire durante la temporada de crecimiento. “Aunque el glifosato es el herbicida más usado en el mundo, conocemos muy poco sobre los efectos en el ambiente a largo plazo”, advierte Paul Capel, químico del Servicio Geológico.

Un estudio llevado a cabo en Canadá mostró que las toxinas Bt del maíz transgénico se están viendo en la sangre del cordón umbilical y en la sangre de las mujeres embarazadas, lo que significa otra preocupación. Monsanto afirma que el Bt es inofensivo y se descompone en nuestro tracto digestivo. Pero no tenemos manera de saber el efecto de estas toxinas en los fetos en desarrollo, dice Marcia Ishii-Eiteman, Ph.D., científica principal en Pesticide Action Network

Afirmación: No es necesario crear etiquetas para OGM.

Cotejo de los hechos: Hansen piensa que si hay efectos adversos e inesperados en la salud como resultado de consumir alimentos OGM, una etiqueta en el producto permitirá que las personas comiencen a conectar los síntomas con los alimentos consumidos. Hasta que no haya, de forma consecuente, etiquetas para los alimentos transgénicos a nivel nacional, todos estamos ‘comiendo a oscuras’.

Conozca más y tome acción en JustLabelIt.org.

Melinda Hemmelgarn, también conocida como “Food Sleuth”, es dietista certificada, escritora premiada y anfitriona de un programa de radio en kopn.org, en Columbia, MO (FoodSleuth@gmail.com). Ella es defensora de los agricultores orgánicos en Enduring-Image.blogspot.com.

 

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